Mandela y Dlamini Zuma, dos sudafricanos a la cabeza del continente

En los últimos días, dos nombres africanos han copado los titulares y las noticias de medios de todo el mundo. Hoy ha sido el turno de Nelson Mandela, que cumple 94 añosSu historia de lucha contra el apartheid en Sudáfrica, con 27 años de prisión incluidos, es de sobra conocida y admirada. Mandela no solo lideró el movimiento que acabó con un régimen de discriminación repugnante sino que elevó su figura al estatus de héroe, de líder africano y referente moral para el resto del mundo.

12 millones de escolares sudafricanos le han dedicado a Mandela una canción compuesta especialmente para él. / Stephane De Sakutin. AFP – Getty Images.

Pero su aura no quedó ahí. La labor de Mandela puso a Sudáfrica como ejemplo de país africano que puede superar un régimen cruel y convertirse, a pesar de todas sus desigualdades y sus altos niveles de pobreza y de prevalencia del VIH/SIDA, en un referente para África. Sudáfrica tuvo que digerir esa responsabilidad moral, que la elevó a primer plano de los interlocutores africanos en la esfera internacional, pero también cargar con sus consecuencias. Una de ellas se ha puesto de manifiesto esta semana sobre la cabeza de otro sudafricano, en este caso, de la Ministra de Interior, Dlamini Zuma.

Dlamini Zuma es una vieja conocida de Nelson Mandela. Formó parte de su Gobierno y de todos los que vinieron después, estando al frente de varios ministerios. Estuvo casada con Jacob Zuma, actual Presidente del país. Es una declarada panafricanista y activista contra el apartheid. Y esta semana, cuando se ha celebrado la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Africana en su sede de Addis Abeba, ha resultado elegida presidenta de la Comisión de la Unión Africana, convirtiéndose en la cabeza visible, y más poderosa, de la principal organización continental africana, de la que forman parte todos los países de África a excepción de Marruecos, después de que la UA reconociera la independencia del Sáhara Occidental.

Dlamini Zuma será investida presidenta de la Comisión de la Unión Africana en septiembre./ AU.

La elección de Zuma ha sido una sorpresa, y no porque no le hubiese puesto empeño. Se enfrentaba en las elecciones a Jean Ping, actual presidente de la Comisión, gabonés, al que ya se había enfrentado en otra Cumbre celebrada el pasado mes de enero. Entonces ninguno obtuvo la mayoría de dos tercios necesaria y la elección quedó bloqueada, paralizando así al resto de la organización. Esta vez, y contra todo pronóstico, las tornas han cambiado y una contenida Dlamini Zuma se ha alzado con el triunfo en la cuarta ronda de votaciones.

En su victoria ha influido, quizá por encima de cualquier otra cosa, la brutal campaña diplomática liderada por Sudáfrica con el apoyo incondicional del resto de países de SADC, la organización regional de África del Sur. El ya ex presidente Jean Ping ha llegado a acusar a Sudáfrica de amenazas e intimidaciones. También han tenido un peso importante las promesas, las públicas y las soterradas, de Sudáfrica, que se ha comprometido, incluso, a pagar las cuotas de los Estados Miembros morosos, como ya hiciera en su día el presidente libio Gadaffi. Estas estrategias han causado el recelo de muchos países, que ven en el rostro de Dlamini Zuma una estrategia del Gobierno sudafricano para imponer su agenda al resto del continente, ganar peso con aliados exteriores, reforzar su papel como líder africano y, a medio y largo plazo, preparar el terreno para que, en una eventual reforma del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, Sudáfrica sea, sin dudas ni debates, el país africano que se siente en el selecto club de todopoderosas autoridades del mundo.

De la actuación de Dlamini Zuma al frente de la Comisión dependerá no sólo su reputación personal sino también la imagen que Sudáfrica reflejará en el exterior. Queda por ver si el país sucumbirá a sus intereses o tendrá la altura de miras suficiente como para hacer frente a los problemas que asuelan al continente, dejar a un lado sus posturas más inmovilistas y dar a África el peso internacional que merece. Mandela ya marcó los límites de ese camino de grandeza. En manos de una compatriota queda que esa grandeza sudafricana no se diluya cuando cambie de manos.

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